Sindicalización disruptiva: protestas mediante hologramas

5 de abril de 2017

Por Blanca Vives Álvarez, Cuatrecasas

Por Blanca Vives Álvarez.

En 1972 Dalí realizó su primera exposición de hologramas en la Knoedler Gallery de Nueva York (Holo! Holo! Velázquez! Gabor!). La misma rendía homenaje a Denis Gabor, inventor de dicho fenómeno lumínico, galardonado un año antes con el premio Nobel de física por sus trabajos con el láser. El interés de Dalí por la holografía, tomando en consideración que su obra no puede entenderse al margen de su inquietud por la ciencia, ya debía evidenciar en ese momento la multitud de funcionalidades que este mecanismo alberga.

Esta técnica que Dalí estudiaba al objeto de conseguir la perfecta tridimensionalidad de las figuras que plasmaba en un lienzo, en el siglo XXI y en plena revolución tecnológica, presenta un abanico inmenso de aplicabilidades cuyo scope abarca sin duda también las relaciones laborales. Claros ejemplos de estas utilidades en el marco del empleo lo son, entre otras: “Shanice”, el holograma recepcionista que acoge a los visitantes del Brent Town Hall en Londres; o las virtual lectures de Ray Kurzweil (director de ingeniería en Google), donde una imagen suya en 3D se proyecta en una especie de podio.

 

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