Cómo internacionalizar la empresa: Francia, el primer destino natural

5 de agosto de 2012

La globalización de la economía y la actual coyuntura económica que atravesamos actualmente hacen que sea cada vez es más evidente y necesario para las empresas españolas, incluso las pequeñas empresas familiares, salir de su mercado doméstico inicial y atacar otros mercados.

En nuestra calidad de asesores, ejerciendo en derecho francés de los negocios, acompañamos a las empresas españolas que deciden vender o instalarse en Francia y somos testigos de un fenómeno de internacionalización que empezó tímidamente en la década de los noventa y que sigue ampliándose. Paradójicamente, la crisis actual no parece afectar negativamente este movimiento, bien al contrario.

La cercanía geográfica y cultural entre España y Francia hace que el primer destino natural desde la península ibérica el mercado francés.  De hecho, los flujos económicos de bienes y servicios entre Francia y España son ya muy importantes en sectores muy diversos, como la ingeniería, el sector del automóvil, la maquinaria y utillaje industrial, que van mucho más allá del sector agroalimentario histórico tradicional, que es ya casi anecdótico.

Intentar penetrar el mercado francés es una opción no solo posible sino casi obligada para iniciar el proceso de internacionalización y llegar, en una fase posterior, a otros mercados del Norte de la Unión Europea.

Generalmente las empresas empiezan comercializando sus bienes y servicios a través de una red de agentes comerciales o a través de un distribuidor local; continúan desplazando trabajadores para realizar obras o trabajos específicos, para luego acabar implantándose en Francia, ya sea a través de una filial (en general una sociedad limitada SARL, o una sociedad por acciones simplificada SAS) o una sucursal.

Las empresas españolas que han hecho sus deberes en términos de tecnología, innovación y competitividad suelen llevarse gratas sorpresas a la hora de competir con otras empresas, incluso multinacionales, en mercados desarrollados como Francia.  En nuestra experiencia como abogados podemos resaltar que las claves para asegurar el éxito de la penetración del mercado francés o de la implantación empiezan por llevar a cabo un estudio en profundidad del mercado para adaptar la oferta de productos y servicios a las exigencias particulares del cliente francés.

Es capital también conocer y entender las particularidades de la reglamentación en Francia.  Aunque se trate de ordenamientos jurídicos con raíces en el derecho romano y objeto de una armonización europea, siguen habiendo diferencias muy importantes entre la reglamentación española y francesa que pueden sorprender al empresario español, en ámbitos tan diversos como el derecho de sociedades, la transmisión de la propiedad o el derecho laboral. Estos aspectos son muy importantes a la hora de instalarse, comprar una empresa o enviar un equipo de trabajadores desplazados para realizar una obra en Francia.

El derecho laboral es especialmente singular y se distingue por un régimen muy formalista y reglamentado (condiciones imperativas de contratación, procedimiento de despido detalladamente regulado,…). En lo referente a las relaciones colectivas, el empresario suele verse sorprendido por las amplias prerrogativas de las que gozan los representantes del personal (que junto con los representantes de las organizaciones patronales componen los juzgados de lo social,) y su importante derecho de información (cuya violación puede dar lugar a condenas penales por delito de obstrucción « délit d’entrave »).

Los dos errores comúnmente tratados en el marco de nuestro asesoramiento, son el envío de trabajadores a Francia (ej. para participar en obras) sin declaración previa (i), y la contratación directa de trabajadores en Francia (ej. comerciales) mediante contrato INEM con aplicación del derecho laboral español (ii).

En el primer caso, la falta de necesidad de una autorización de trabajo en un país miembro de la UE y la brevedad del periodo de actuación (periodo que pueden ser de varias semanas o varios meses), hacen que se suela desplazar a los trabajadores sin realizar ninguna gestión previa.

Sin embargo,  antes del inicio de la prestación, debe aplicarse una reglamentación que obliga al empleador a proporcionar una declaración previa de desplazamiento de los trabajadores a la Inspección del Trabajo (Inspection du Travail) del lugar donde se prestarán los servicios, en lengua francesa y mediante carta certificada con acuse de recibo, fax o correo electrónico.

Durante este periodo de desplazamiento a Francia, los trabajadores se encuentran sometidos a las reglas imperativas del ordenamiento jurídico francés (pago de la remuneración mínima, duración de la jornada de trabajo…).

Con respecto a la contratación directa, en el segundo caso, resulta más oportuno firmar un contrato francés que optar por el modelo facilitado por el INEM, para así no tener que gestionar simultáneamente dos reglamentaciones nacionales. Aunque la ley aplicable puede ser libremente elegida por las partes, siempre tendrán que valorarse las disposiciones imperativas más favorables de la Ley natural aplicable…, en este caso, el derecho francés.

En lo relativo a la seguridad social, a pesar de que no se haya creado una estructura francesa, el empleador español deberá abonar las cotizaciones, cargas sociales y patronales a un centro único y específico del URSSAF (organismo encargado del cobro de las cotizaciones de seguridad social), situado en Estrasburgo y dedicado a las empresas extranjeras que no disponen de un establecimiento mercantil en Francia.

El empresario que esperaba encontrarse con una normativa similar a la suya podría verse desanimado por este choque cultural y jurídico. Sin embargo, tal y como mencionaba el representante de un importante grupo hotelero catalán durante el Foro del pasado 11 de julio organizado por la Cámara de comercio francesa en Barcelona: “La clave es estar bien asesorado. Un buen asesoramiento permite evitar sorpresas y darse cuenta finalmente, de que el formalismo propio a la reglamentación francesa no es una traba sino que al contrario, acaba siendo una garantía valiosa para un emprendedor, ya sea francés o español”.

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